Las prisas nunca son buenas consejeras y pueden ser la causa de una ruptura dolorosa. Cuidado porque cuando las cosas van de 0 a 100 rápidamente, pasan de 100 a 0 a la misma velocidad.
Te enamoras y llegan las famosas mariposas al estómago, los nervios por encontrarte con la otra persona, las risitas sin sentido y demás menesteres que te mantienen desbordado de sentimientos durante todo el día. De pronto eres capaz de pasar de la alegría más absoluta a una tristeza infinita en raudos segundos. ¿Y todo por amor? No, más bien porque tu cerebro está drogado: a tope de hormonas. Sin embargo, este estado de éxtasis inicial cuando empiezas una relación puede derivar en dos situaciones:
1) Has encontrado al amor de tu vida y viviréis felices –comáis o no perdices.
2) Alárgala cuanto puedas/quieras, tu relación de pareja está abocada al fracaso.
Cuando se da la segunda opción uno no deja de hacerse la eterna pregunta: si
todo parecía de cuento de hadas, ¿qué es lo que ha pasado para que la cosa no
funcione? ¿Cuándo se nos acabó el amor? ¿Fue de tanto usarlo o más bien de lo
contrario? Este vídeo explica el error más común que (casi) todos cometemos
alguna vez en la vida y que, señoras y señores, es el responsable de que las
relaciones se destruyan.
¿Objetivos comunes o adquiridos?
Todo comienza en la etapa que en el vídeo
denominan como druged state derivada del popurrí de hormonas que campan a sus
anchas por nuestro cuerpo y nos hacen sentir, como comúnmente se conoce,
embriagados o locos de amor. Apenas atiendes a razones y te autoconvences de
que esa persona es la definitiva, ¡si es que lo tienes más claro que nunca!ando
las cosas van de 0 a 100 rápidamente, pasan de 100 a 0 a la misma velocidad
Pero
cuando nos lanzamos a la piscina prometiendo y prometiéndonos cosas de las que tan solo
estamos seguros circunstancialmente, la cosa puede acabar –y espérate a ver
cuando eres capaz de abortar plan– como el rosario de la aurora. Las prisas no
son buenas consejeras y tomar decisiones precipitadas acabará en desastre cuando te quieras dar cuenta
de que, en realidad, esto no es lo que querías y ni siquiera eres como la otra
persona cree. Genial si tenéis cosas en común desde el
primer momento. Pero cuidado, que la otra persona también tenga pensado tener
hijos no quiere decir que tengáis que pensar los nombres que tendrán vuestros
futuros primogénitos cuando os conocéis desde hace un mes –si llega–. Ten en
cuenta que amoldarse a los gustos de alguien a quien amas está bien, pero con
cautela y sin dejar de respetar tus propios intereses y objetivos vitales. De
hecho, es bastante común terminar por confundir qué es lo que te gusta hacer a
ti y cuáles son las aficiones adquiridas por querer compartir cosas con tu
pareja. Si no, párate a pensar: ¿qué haces celebrando a gritos un gol de
Cristiano Ronaldo si, a día de hoy, sigues sin tener ni puñetera idea de cuándo
ni cómo tiene lugar un fuera de juego?
'Los jóvenes que se precipitan a compartir
casa, a menudo no son capaces de manejar la responsabilidad de vivir juntos y
ser totalmente independientes'
“Si nos dejamos llevar en una relación con
alguien que no tiene los mismos valores que nosotros puede haber problemas”,
comenta en Deseret News el profesor de la Universidad de Virginia Bradford
Wilcox, quien opina que “la gente debe ir poco a poco en una relación y meditar
sobre ellos mismos y las decisiones que toman”.
Una dulce condena
Una cosas son las ataduras sentimentales y
otra las materiales, que pueden hacerte alargar una relación que no funciona
durante años por el simple pánico a enfrentarte al reparto de bienes
compartidos. “Ya se trate de una mascota, un sofá o un coche en común, tener
responsabilidades compartidas debilita al máximo tu capacidad de estar sobrio y
ser capaz de tomar la decisión de acabar con una relación que sabes que no es
la adecuada para ti y tu pareja en ese momento”, comenta Wilcox. Según el
profesor “las parejas deben esperar hasta después del matrimonio para tener
este tipo de compromisos a largo plazo con la otra persona”. Pero no se trata
de casarse o vivir arrejuntados, lo importante es ser capaz de esperar a tener
las cosas claras antes de meternos en camisas de once varas (que terminas
pagando a plazos con cuotas de pago que superan los 18 meses, estás perdido).
No hay un tiempo exacto que mida cuando uno debe tener o no claro si quiere
hacer proyectos a largo plazo o adquirir compromisos compartidos con su pareja,
pero precipitarse y jugársela, cuando hablamos de sentimientos, no es una buena
idea. Todo lo que sube baja, y las relaciones que pasan de rápidamente de 0 a
100, por regla general, pasan de 100 a 0 a la misma velocidad.
Jugando a las casitas: momento convivencia
Por ahorrar dinero en dos alquileres
cuando os veis todos los días, porque la otra persona tiene un piso en
propiedad y te invita a compartirlo pagando ‘solo los gastos’ o porque –de
estas también hay– tu pareja se va a vivir a Iowa y como tú tampoco tienes el
trabajo de tu vida decidís iros juntos al culo del mundo. Hay mil excusas, pero
lo cierto es que en la convivencia se demuestra mucho y es cuando puedes darte
especial cuenta de que la relación no va a funcionar, por mucho que te hayas
convencido. Según una investigación realizada por el Council on Contemporary
Families las parejas jóvenes que cohabitan son especialmente vulnerables a
separarse. Como explica Herb Scribner “los jóvenes de menos de 23 años, que a
veces se precipitan a compartir casa, a menudo no son capaces de manejar la
responsabilidad de vivir juntos y ser totalmente independientes”. Apenas
atiendes a razones y te autoconvences de que esa persona es la definitiva, ¡si
es que lo tienes más claro que nunca! Gran parte de la culpa la tiene la
inmadurez de uno de los dos miembros de la pareja. Según Arielle Kuperburg,
profesor de la Universidad de Carolina del Norte, “los jóvenes no escogen a la
persona adecuada porque ni ellos mismos están realmente configurados como
individuos”. No tanto la edad real como la mental, el problema de jugar a las
casitas porque estamos encoñados cuando no somos personas lo suficientemente
adultas, deriva, cuando menos, en alguna que otra trifulca hogareña que te
podrías haber ahorrado si te lo hubieses tomado con calma.
Prevenir el desastre
Como se suele decir, el ser humano
tropieza dos veces –cuando no en la misma piedra. Por lo que es bastante
probable que si ya te has llevado un chasco en una relación que parecía
idílica, al menos te toque otro más. Pero quizás tengas en cuenta el consejo de
los expertos de PREmedia y no tomes una DUI (siglas de Decision Under Influence
o lo que viene siendo una decisión precipitada) y optes por disfrutar el uno
del otro sin adquirir compromisos a largo plazo que lo único que hacen es meter
presión a ambas partes que se convencen de que ahora ya no se pueden separar.
El vídeo, que se está utilizando en conferencias en colegios, institutos y
universidades, trata de enseñar a los jóvenes las consecuencias que pueden
tener en la vida real la toma de decisiones a largo plazo, como cohabitar, con
una pareja a la que apenas conocemos. Pero ojo, que no siempre tiene que salir
mal. De un flechazo, meditado y disfrutado, surgen también las más bonitas
historias de amor que, además, funcionan.
Por Alba Ramos Sanz

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