6/20/2025

Llevamos haciendo mal las bragas desde siempre, y nadie lo ha solucionado

 Llevamos haciendo mal las bragas desde siempre, y nadie lo ha solucionado



¿Quién iba a pensar que una prenda tan clásica como las bragas diesen tantos problemas? Una braga es una prenda interior que va en contacto directo con el aparato reproductor femenino. Se suele emplear por higiene y para evitar manchar la ropa exterior, como faldas o pantalones, con restos de orín y flujos vaginales.

 Las hay de muchos tipos y materiales. Las bragas altas, las de cintura baja, tangas, bragas brasileñas, culottes Hay una braga para cada persona. Y todas tienen algo en común: el refuerzo de algodón de la zona vaginal. Sin embargo, tal y como explica Isa Pérez en un vídeo de TikTok, ese refuerzo es algo que está mal diseñado, y todos los fabricantes lo hacen igual.

Los refuerzos de algodón en la ropa interior femenina se colocan para funcionar como doble barrera ante la humedad natural de la vagina y la ropa. Este forro tiene forma de bolsillito o de rombo y se hace de algodón para permitir que la piel transpire y evitar irritaciones. Incluso las bragas que son de encaje llevan esta pequeña protección. Normalmente, esta pieza queda a la altura de la apertura de la vagina, cubriendo parte del trasero.

Falta tela por todas partes

Todo debería funcionar bien en un diseño tan universal como el de las bragas, pero las usuarias de esta prenda saben que no es así. Tal y como explica Isa en su vídeo dirigido a los fabricantes de bragas, que acumula más de un millón de visitas, lo ideal es que el forro de la braga estuviese colocado un poco más adelante o fuese más largo.

Esta sugerencia ha dado mucho de qué hablar, y cientos de mujeres en las redes sociales están de acuerdo con ella. En el día a día, la vagina genera fluidos para mantenerse hidratada. Estos fluidos también sirven para hidratar los labios menores, por lo que suelen escaparse a través de los labios mayores y acabar manchando la braguita. El forro no es lo suficientemente largo para cubrir toda la zona genital femenina.

Hay un tema sobre las bragas (ropa interior en general) del que no se habla casi y no sé si es por vergüenza. Las bragas llevan un forro en el interior y casi nunca está donde debería estar, que es más arriba o ser más alargado.

Muchas de las usuarias que han comentado el vídeo de Isa se han sentido aliviadas al saber que no están solas. “Todas pensando que estábamos mal”, afirman algunas. Y es que había mujeres que creían que su cuerpo estaba “mal hecho”, al no encajar con el estándar de braga habitual. Hay pequeños fabricantes de bragas que intentan hacer mejor los diseños, dando solución a este y otros problemas. Sin embargo, los grandes fabricantes de ropa interior todavía no han entendido que cuerpos hay muchos, y que con un poco más de tela sería suficiente.

La ropa interior femenina, en concreto las bragas, son un básico para muchas personas. Las hay de todas las formas y diseños, pero todas están mal fabricadas

 

Por : María del Pilar Díaz – El Confidencial

Orgasmos para todos: la mejor opción para llegar al clímax (y que no haya líos)


El sexo oral es un camino más corto para que una mujer alcance el orgasmo.

Si es usted un hombre heterosexual y su pareja alcanza el orgasmo habitualmente y sin problemas simplemente mediante penetración vaginal, pertenece usted a un grupo enorme o a un grupo minúsculo: el enorme de los engañados o el minúsculo de los que han encontrado a una mujer cuyos orgasmos llegan de ese modo, sin necesidad de ninguna otra estimulación.

 ¿Es posible el orgasmo vaginal? ¿Hay alguna otra manera de conseguirlo? Es signo de que la era de la información ha multiplicado la oferta de conocimiento pero apenas ha aumentado el impacto de este conocimiento sobre la realidad que una discusión como esta permanezca viva en el campo de debate sobre la sexualidad. Lo cierto y comprobado es que la mayor parte de mujeres no obtienen orgasmos por estimulación vaginal, si es que hay alguna que lo haga. Olvide usted el porno y baje a la tierra si lo que quiere es una relación sexual sana y sincera. O al menos consuma ese porno en sus diversas variantes. Aunque fantaseado, en todo caso, le ofrecerá más perspectiva.

 La dificultad de las mujeres para llegar al orgasmo y los diversos caminos hacia él han sido objeto desde hace mucho de un debate en el que lo político está presente. En los setenta, escritoras como Anne Koedt arremetieron contra el silencio que envolvía al asunto. Koedt lo hizo con un texto, El mito del orgasmo vaginal (1968) en el que directamente negaba la existencia de un éxtasis femenino inducido por la estimulación vaginal: “Siempre que se discute sobre el orgasmo y la frigidez femenina”, dice Koedt allí, “se hace una falsa distinción entre el orgasmo vaginal y el clitoridiano. (…) En realidad, la vagina no es un área de alta sensibilidad y no está preparada para lograr orgasmos. Es el clítoris el centro de la sensibilidad sexual y el que constituye el equivalente femenino del pene. Pienso que esto explica muchas cosas: lo primero, el hecho de que la tasa de la llamada frigidez sea tremendamente alta entre las mujeres”.

 No mucho después que Koedt, Shere Hite publicó su revolucionario “Informe”, que aún hoy es un libro de lectura obligada en este campo. Mezcla de posicionamiento político, encuesta rigurosa y periodismo, el “Informe Hite” mostraba que un setenta por ciento de las mujeres encuestadas jamás había obtenido un orgasmo mediante la penetración vaginal, y que, sin embargo, esas mismas mujeres eran capaces en su mayoría de llegar al orgasmo fácilmente masturbándose o mediante la estimulación del clítoris (manual u oral) por sus compañeros.

 Koedt, y también Hite, apuntaban acusadoramente a la culpabilización de la mujer por parte de la cultura dominante que consideraba la “frigidez” femenina como un problema psicológico “de ellas” en el que el hombre poco o nada tenía que ver. “La frigidez ha sido generalmente definida por los hombres como el fracaso de la mujer para obtener orgasmos vaginales”, escribió Koedt. Y ahí está quizá, el gran problema. ¿Es la frigidez la incapacidad de la mujer para conseguir o la incapacidad del hombre para proporcionar? A veces lo uno, a veces lo otro, lo cierto es que en un juego de dos ambos deben poner de su parte. Pero lo cierto es también que, experimentada por la mujer, es a ella a quien más parece preocupar esa frustración.

 Un camino directo al orgasmo

 Preguntas al respecto como la recogida en este artículo de The Guardian son casi siempre enunciadas por mujeres. “Tengo treinta años y sólo he tenido un orgasmo en mis relaciones (penetración vaginal)…”. Etcétera. La respuesta ha sido escuchada (que no atendida) miles de veces: ““Si eres como la mayor parte de las mujeres, la estimulación directa de tu clítoris –manual u oral– será siempre el medio más sencillo para conseguir un orgasmo, pero hay ciertas posiciones específicas para cada persona en las cuales el clítoris estará lo suficientemente estimulado para alcanzar un orgasmo”. Etc.

 Por supuesto, como dirían los Monty Python, “no es necesario abalanzarse sobre el clítoris de buenas a primeras”. Ya Koedt enunciaba lo obvio: que nuestra sexualidad no es sólo física sino también psicológica, y que la búsqueda de nuestros “fantasmas” es una labor necesaria (y a veces apasionante): “Además de la estimulación física, que constituye la causa más común de orgasmo para la mayoría de las personas, también existe la estimulación a través de procesos mentales. Algunas mujeres, por ejemplo, pueden alcanzar un orgasmo mediante fantasías sexuales o fetiches. De cualquier manera, aunque la estimulación sea psicológica, el orgasmo se manifiesta físicamente”.

 Todo ello (y todo lo añadido en las décadas que nos separan de los trabajos pioneros de Koedt y Hite) nos lleva, en un nivel básico de relación de pareja, a interrogar no sólo a las mujeres (que sin duda en ocasiones no se han liberado de su yugo y no son capaces de expresar con claridad sus deseos y frustraciones), sino, sobre todo, a los hombres. Si se puede llegar al orgasmo de varias maneras y su pareja femenina lo desea realmente, ¿qué es lo que falla? Falla –de manera flagrante, en la mayor parte de los casos– la otra parte. Falla usted.

 Por supuesto, las represiones culturales no funcionan sólo sobre las mujeres. Un vistazo a la cultura pop, ese barniz fácilmente identificable pero a menudo revelador de corrientes de fondo, indica que el tabú del cunnilingus ha estado y está vigente en amplias capas de la población, y se exterioriza todavía sin demasiada vergüenza.

 Está, por supuesto, la clásica anécdota de cama de Elvis y Cybill Shepherd, cuando El Rey le espetó a la entonces adolescente Cybill que “los hombres blancos no comemos coños”. Pero hay muchos más ejemplos recientes. En el mundo del hip hop negro, por ejemplo –y exceptuando a gente como Lil’ Wayne, que ha hecho verdaderas y muy divertidas odas al sexo oral– el mensaje se perpetúa y se explicita cada dos por tres.

 Su repetición desde polos del espectro aparentemente opuestos ha dado lugar a innumerables chistes y permite concluir que los idiotas sexuados abundan en ambas razas y, –con la esperanza de que el gigante asiático nos desmienta– el prejuicio ante una de las formas más seguras de obtener un orgasmo femenino sigue bien enraizado en todo el mundo.

 Nadie está libre de culpa

 “Pero el prejuicio ha sido mutuo”, comenta Juana, una mujer de 70 años cuya vida sexual en matrimonio, dice, “fue excelente”. “Recuerdo perfectamente que hace veinte o treinta años ninguna de mis amigas reconocía haber practicado sexo oral a sus maridos. El comentario más habitual era: ‘si quieren eso que se busquen una puta’. Por supuesto al revés quizá fuese igual, pero no creo que las mujeres estemos exentas de culpa al respecto. Pacatos y pasotas hemos sido todos”.

 “Creo que ha cambiado para bien, en ambos casos”, reflexiona, “y creo que para que mejore definitivamente se necesitan dos cosas: un nivel de confianza alto en la pareja, que se pueda hablar de todo, y una cierta despreocupación frente a ‘lo social’. Lo que pasa en la cama de la gente es asunto propio. No hay barreras ni hay nada que justificar”.

 Por otro lado, asumir que a los hombres, en bloque, el orgasmo femenino se la trae al pairo, es dar demasiado por hecho.

 “Yo siempre he intentado satisfacer a mis parejas lo más posible”, dice David, músico de 40 años. “Nunca busqué una razón para ello, siempre me pareció lo normal y cualquier medio me parece válido. Y además, con el tiempo te das cuenta de que esa satisfacción redunda en un bienestar general de la pareja, que de lo contrario no está. No digo que el orgasmo sea lo único que hay que conseguir, ojo, pero es importante, eso está más que claro”. Sin embargo, como él mismo sabe, no siempre es sencillo: “Creo que la mayor parte de los hombres intentan satisfacer a sus parejas, pero es verdad que hay casos y casos. El sexo oral suele ser eficaz en muchas ocasiones, y a mí me encanta. Soy fan del sexo oral (risas). Pero hay de todo. Yo he tenido unas cien parejas sexuales y digamos que en cinco o seis casos, quizá más, me encontré con mujeres a las que les costaba realmente mucho alcanzar un orgasmo. Ya no era una cuestión de vaginal o clitoridiano, era una cuestión de confianza, variedad, resistencia e imaginación. En esos casos realmente creo que una comunicación muy fuerte es la única vía para poder llegar a algo. Y no creo que esa confianza abunde, ni siquiera en los matrimonios”.

 “En todo caso”, añade por último, si el debate está abierto es porque el problema sigue ahí. Si la pregunta se sigue haciendo es porque no se ha respondido correctamente”.

 O porque usted, querido lector, estimado consorte abúlico, está incurriendo en una imperdonable dejación de funciones que se le lleva echando en cara varias décadas.

 Hora de solucionarlo.

Por 
Miguel Cuevas - El Confidencial