¿Cómo excitar nuevos rincones con las manos? ¡Cuando hacemos el amor el tacto es el sentido que más se estimula!
Muchas
personas se consideran buenos y experimentados amantes con cierta soltura a la
hora de practicar sexo, y, por qué no, pueden serlo realmente. Sin embargo,
conseguir una completa conexión en la cama no es tarea nada
fácil y caer en posturas aprendidas no sólo es rutinario, es poco
excitante tanto para él como para ella –que, aunque no lo creas, ya se ha dado
cuenta de que es tu movimiento estrella–.
Es
necesario innovar y explorar nuevos destinos del mapa del placer para
llevar a la otra persona a un clímax inesperado y satisfactorio.
Cuando se
está en pareja es más sencillo conocer dónde podemos encontrar las
cosquillas, generar un escalofrío o rozar ese punto que sabemos excita a la
otra persona. Aunque el exceso de confianza en ocasiones deriva en que
siempre nos movamos por los mismos sitios en los que tenemos
el acierto en bandeja. Pero, ¿y la capacidad de sorpresa?
Estés o no
emparejado, no te acomodes. Cuando hacemos el amor el tacto es el
sentido que más se estimula. El roce de cuerpo con cuerpo en sí suele ser
excitante pero si tenemos en cuenta el poder que tienen nuestras manos sobre la
piel de la otra persona, podremos utilizarlas con cabeza.
Como explican en
la edición digital del diario italiano D Repubblica “la
piel es el órgano sexual más grande y lo tienes a tu disposición para
tratar de dar placer”. Podemos activar cada parte del cuerpo con una simple
caricia, un abrazo o un masaje. Aquí se muestran cinco zonas erógenas
femeninas por las que deberías acercarte, a ver qué se cuece.
1. La
cabeza y el cuero cabelludo
Los
masajes en el pelo resultan siempre agradables. Si a un simple movimiento de
las yemas de los dedos le añadimos un poquito de picardía y caricias que vayan
desde el cuello hacia la barbilla y desemboquen por toda la cara,
activaremos otras muchas zonas y conduciremos a la otra persona a un estado de
bienestar y calma.
Que
no se te escape ningún rincón de la zona. Ejerciendo una presión suave con los
dedos sobre el centro de las sienes, a modo de masaje, y
acompañándola con relajantes círculos en el cráneo, liberaremos
tensiones y ayudaremos a entrar en una situación de completo relax. Acompañar
estos movimientos de una respiración apropiada, el constante contacto
de las manos con su cuerpo y, por qué no, algún que otro
beso, pueden descubrirte todo un universo de sensaciones.
2. El
vientre
La
zona del ombligo es el centro de la energía del cuerpo. Al estimularla el
cuerpo empieza a irradiar calor y lo transmite a todo el cuerpo. Acariciándola
con las temas de los dedos desde la cintura hacia el ombligo –suavemente
y sin hacer cosquillas en el caso de que las hubiera– podemos excitar poco a
poco a la otra persona.
Usar la cara y la boca para estimular la zona intensificará las sensaciones e irá convirtiendo la sensación de placer agradable en un deseo carnal.
3.
Los pliegues de la piel
Las
rodillas, los codos, los antebrazos, las muñecas… ¿Se te habían pasado por alto
estas zonas? Pues acariciarlas y estimularlas, tanto con suaves movimientos de
las yemas de los dedos como con los labios e incluso
con la lengua –controlando los excedentes de saliva– pueden dar un placer
inesperado.
Normalmente
abandonadas, excitarlas adecuadamente puede llevar a que la mujer se
estremezca y sienta un cosquilleo nuevo. Al no tratarse de zonas
íntimas, se pueden acariciar en cualquier momento sin que resulte llamativo
–eso es, también en público mientras se cena o se toma una copa– “ayudando a
crear una complicidad y un juego erótico que tendrá su culmen después”,
recomiendan en el artículo.
4.
Los pies
En
las plantas de los pies hay miles de terminaciones nerviosas por lo que masajearlos
adecuadamente puede, además de relajar y dar placer, activar otras
muchas partes del cuerpo.
Nunca
caricias demasiado suaves, lo mejor es calentar la zona agarrando
los pies con las dos manos y utilizando las yemas para activar la planta. Una
vez haya quedado claro que no la estás haciendo cosquillas –no vayas a llevarte
una patada como acto reflejo– continua masajeando el tobillo y el talón en
pequeñas rotaciones.
Apoyar
la planta de sus pies en tu pecho para que sienta tu respiración, acercártelos
a la cara e incluso mordisquearlos o lamerlos, pueden derivar en
todo un triunfo o en un completo fracaso desconcertante. Presta atención a las
señales.
5.
El completo: todo el cuerpo
¿Por
qué centrarte en una sola zona cuando puedes masajear su cuerpo entero? Es
importante que utilices el peso de tu cuerpo para activar cada zona que toques.
No en plan peso muerto, sino que ella pueda sentir que son tus manos las
que le agarran y están dando placer.
Lo
ideal es conseguir la sensación de desnudez de cuerpo con cuerpo, dejando total
libertad al sentido del tacto como todopoderoso del placer. Puedes empezar el
masaje con ella sentada apoyando su cuerpo sobre tu pecho y masajeando
sus brazos de arriba abajo antes de tumbarla y hacer lo propio
con el resto de espalda, cuello, hombros, cintura,
coxis, las piernas… Un completo de los pies a la cabeza que es
conveniente que compagines con fuerza y caricias.
No te
olvides de los glúteos, para ello puedes ayudarte de los codos y
realizar suaves circunferencias.
Velas
–o al menos una luz adecuada que no sea el fluorescente de la cocina–, una
música apropiada y aceites y cremas de masaje, serán los complementos ideales
para descubrir nuevas zonas que tus manos encontrarán simplemente deslizándose
por cada recoveco de su cuerpo. Esto no quiere decir que te ciñas a las
cercanías a sus órganos sexuales, pero no olvidarlos y hacer cosquillas por
esas áreas aumentará la excitación y el deseo de que te
vayas acercando cada vez más.
Autor Alba Ramos Sanz

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