ELLAS AMAN LOS DETALLES, ELLOS VAN AL GRANO
¿Sueñan las amas de casa con repartidores musculosos? ¿Sueñan los
hombres casados con rubitas inocentes? El mundo de las fantasías sexuales es
uno de los que más inquietan a ambos sexos: todas las personas las tienen
(aunque algunos no se atrevan a confesarlo) y, en muchas ocasiones, no saben
por qué dichas imágenes o situaciones resultan tan excitantes, especialmente en
los casos más conflictivos, como cuando tienen como protagonista a una persona
que no es la propia pareja o se relacionan con temas de sumisión. Por ello se
trata de uno de los temas más investigados en psicología sexual. Como ocurre
también con los sueños o los actos fallidos, son relatos imaginarios
capaces de sacar a la luz las fantasías y deseos más ocultos del ser humano.
Los hombres prefieren desempeñar un papel activo, y las mujeres,
pasivoA pesar de que el psicoanalista Sigmund Freud manifestase
en su día que “tan sólo las personas insatisfechas fantasean, las personas
felices no lo hacen”, hoy en día se ha aceptado por toda la comunidad
psicológica que las fantasías sexuales no son la manifestación de un
problema, sino que ayudan a mantener una mejor vida de pareja al
favorecer el deseo sexual, a partir del estudio realizado por William
B. Arndt, Elaine Good y John Foehl de la
Universidad de Missouri. Lo que este grupo de investigadores propuso por
primera vez a mediados de los ochenta es que las fantasías no son homogéneas, y
que su origen depende de multitud de variables, entre ellas, los usos y
costumbres personales, la personalidad o el sexo de cada persona. Fueron los
primeros en señalar que las mujeres que tenían más fantasías eran las que
disfrutaban de una vida sexual más plena, tenían más orgasmos y se mostraban
más satisfechas. De esa manera, empezaban a derribar el mito construido
por el psicoanalista vienés de que la imaginación erótica es producto de la
infelicidad.
Con qué soñamos
Uno de los estudios más completos respecto a las fantasías
sexuales, y que se sigue citando como principal referencia, es el realizado en
1995 por Harold Leitenberg y Kris Henning, una
acertada síntesis de todas las investigaciones precedentes que proporcionó por
primera vez una mirada global sobre las fantasías sexuales. Lo que este resumen
afirma, en primer lugar, es que en sus fantasías los hombres suelen
desempeñar un papel más activo en la relación sexual, mientras que las
mujeres prefieren adoptar un rol más pasivo. Los investigadores han considerado
que probablemente se trate de una consecuencia de los roles sociales
tradicionales, según los cuales el hombre está obligado a dar el primer paso, y
de los lugares comunes adoptados por la cinematografía pornográfica, en los que
se reproduce esta dicotomía maniquea del hombre como sujeto activo y la mujer
como objeto.
El 48% de los encuestados manifestaba que “no estaba bien” pensar
en relaciones sexuales con otra persona que no fuese su parejaLas mujeres se
preocupan más por la trama de sus fantasías, los detalles de la historia (por
ejemplo, el olor de la habitación, la textura de las sábanas) y la ambientación
de la historia, mientras que los hombres están más interesados por las
imágenes explícitas y el acto físico en sí. En lo referente a la
variedad de personas con las que se fantasea, los hombres se mostraban más
inclinados que las mujeres a hacerlo con un número mayor. La razón aducida por
los investigadores es cultural: aunque ambos se muestren favorables a este tipo
de ensoñaciones, para el hombre mejoraría su imagen frente a los demás
haciéndole parecer un “tío duro”, mientras que el papel social otorgado a la
mujer la haría parecer “demasiado promiscua”, al menos por ahora. En
concreto, el 32% de los hombres manifestaban haber pensando en más de
mil mujeres diferentes, mientras que tan sólo el 8% de las mujeres
afirmaban haberlo hecho.
El problema de la dominación
Entre las fantasías más comunes de las mujeres se encuentran,
además del sexo lésbico, los encuentros con desconocidos o los juegos de roles,
las situaciones de sumisión y dominación, como el gran éxito de la trilogía
novelesca Cincuenta
sombras de Grey (Grijalbo) de E.L. James ha
puesto de manifiesto. No se trata, señalan los investigadores, de que todas las
mujeres tengan tendencias sadomasoquistas ocultas, sino de que les
gusta pensar en tales situaciones siempre que no entrañen un daño o perjuicio
real. Se trata de un tema controvertido en cuanto que ha sido interpretado
erróneamente por algunos agresores como “el deseo de ser violadas”, algo que
niegan categóricamente todos los investigadores.
Aquellos que habían mantenido más relaciones sexuales en el
pasado, fantaseaban con un mayor número de mujeresSegún un estudio realizado
por Danielle Knafo y Y. Jaffe, se trata de la
fantasía más frecuente entre las mujeres en el momento del coito. La pareja de
investigadores sugería que una de las razones para explicar esta tendencia es
que las mujeres educadas en una sociedad restrictiva podían utilizar el hecho
de haber sido forzadas para sentir menos culpa por sentir deseo sexual. Otra
explicación proporcionada por la bibliografía científica es que, al contrario
de lo que podría parecer a simple vista, este tipo de ficcionalizaciones no se
basan en la debilidad de la mujer, sino en su fortaleza: según la versión de
psicólogos como E.B. Haripton, las mujeres se erotizarían
al pensar que su belleza puede provocar que un hombre atractivo pierda el
control y se vea obligado a forzarlas.
¿Con tu pareja o con otra persona?
Según otro estudio realizado por Thomas V. Hicks y Harold
Leitenberg de la Universidad de Vermont titulado Fantasías
sexuales con la pareja o con otra persona, es frecuente fantasear con
personas desconocidas, inventadas o famosas. A pesar de que un amplio sector de
la población considera que no es aceptable tener fantasías con otra persona que
no sea tu pareja –en el estudio se cita una encuesta realizada en 2000 donde el
48% de los encuestados manifestaba que “no estaba bien” pensar en relaciones sexuales
con otra persona–, un 87% de los que participaron en el estudio de
Hicks y Leitenberg manifestaron que habían fantaseado con una persona
desconocida durante los últimos dos meses. El dato, como se descubre
cuando uno se fija en la división en ambos géneros, tiene truco: este 87% está
conformado por un 80% de las mujeres y un 98% de los hombres. Es decir, la
práctica totalidad del sexo masculino.
La principal diferencia se encontraba en la proporción de
pensamientos que hombres y mujeres destinaban a otras personas comparado con
sus parejas. Según el estudio, el sexo masculino fantasea menos con sus
novias o esposas que con otras mujeres, mientras que estas se centran más
en su compañero sentimental. La razón aducida por los dos investigadores es que
mientras los hombres suelen tener fantasías centradas en una imaginería sexual
explícita sin un contexto emocional, las mujeres se centran en personas
concretas con las que sienten un vínculo emocional. Otra idea defendida en el
artículo publicado en el Journal of Sex Research es que cuanto
más tiempo pase una persona en una relación de pareja, mayores serán las
posibilidades de que fantasee con otras mujeres. Algo que, señalan los
estudiosos, no implica ningún problema en la relación, sino que es perfectamente
normal que después de un tiempo se agoten las fantasías relacionadas con la
propia pareja. Además, aquellos que habían tenido relaciones sexuales con un
mayor número de personas antes de comenzar su relación actual, confesaban
fantasear con una variedad mayor de amantes. En el mismo artículo se ponía de
manifiesto que el 25% de los encuestados se sentían mal por tener pensamientos
eróticos con otras personas. Si, como hemos visto, se trata de algo positivo,
¿por qué sentir culpa y poner freno a nuestra imaginación?

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