Test sobre el orgasmo ·
El momento del éxtasis sexual es una bomba que genera alteraciones físicas a nivel global: cardiovascular, químico, hormonal, muscular... y toda una revolución que afecta hasta a la percepción del tiempo.
¿Sabrías hacer una descripción –algo elaborada– de un orgasmo? ¿Cómo le explicarías lo que se siente a alguien que nunca lo ha experimentado? Y no vale decir 'placer' o 'gustirrinín' y ya está. Si lo piensas bien, optes por un tono poético, místico o muy técnico, no es tan fácil. Ni siquiera para los expertos. De hecho, uno de los grupos de divulgadores y especialistas sobre el tema más reputados del momento–Carlos Beyer, Barry R. Komisaruk, Beverly Whippe y Sarah Nasserzadeh– califica el orgasmo como «uno de los procesos biológicos más complicados que conocemos». Lo consideran «una descarga explosiva de tensiones neuromusculares» y también «un placer intenso que genera un estado alterado de conciencia». ¡Es tantas cosas en una...! «Definirlo es difícil porque es una vivencia personal: en todo caso, supone una experiencia compleja de placer global, variable, transitoria y con traducciones físicas evidentes. Es sensorial, vascular y neurológica... Algo subjetivo pero con traducción física objetiva», explica Santiago Frago, codirector del Instituto Amaltea de Sexología de Zaragoza y miembro de la junta directiva de la Federación Española de Sociedades de Sexología.
Es decir, aunque sea difícil poner puertas al campo, sí se puede decir sin temor a equivocarse que el orgasmo provoca un conjunto de cambios en nuestro cuerpo que son más o menos comunes a todos los individuos, si bien es cierto que cada persona vive unos con más intensidad que otros y que el ramillete de alteraciones no tiene por qué cumplirse en su totalidad. Además, en contra de lo que se pueda pensar, la mayoría de estas manifestaciones físicas del orgasmo son compartidas por hombres y mujeres. De hecho, Beyer, Konisaruk, Whippe y Nasserzadeh realizaron una investigación y pidieron a universitarios de ambos sexos que describiesen qué sienten durante el clímax sexual. Borraron cualquier rastro del género de los participantes y presentaron los escritos a un jurado de expertos (sexólogos, ginecólogos, médicos) que, sorprendentemente, fueron incapaces de discernir si el autor era una chica o un chico. Conclusión: ¡No somos tan diferentes en esto!
¿Más simulitudes entre sexos? Sí. Tradicionalmente se habla de las fases de deseo, excitación, orgasmo y resolución, aunque cada vez hay más estudiosos que consideran que no tienen por qué cumplirse todas ellas y que algunas pueden repetirse. Es decir, no es un proceso lineal e inexorable. Parece que hombres y mujeres seguimos esquemas parecidos.
Y otra verdad poco cuestionada y común a ambos sexos: todos buscamos alcanzar este goce –en pareja, en solitario– porque sienta bien, una de las pocas cosas en las que el ser humano ha llegado a cierta unanimidad. «El orgasmo concluye con la liberación de tensión sexual y con una sensación ulterior de bienestar y relajación. Ya lo decía Jane Birkin (la que cantaba sensualmente aquello de 'Je t'aime... moi non plus'): 'Puede que el sexo no alargue la vida, pero la abstinencia la hace interminable'», señala Frago. Para nuestro cuerpo, el orgasmo es una revolución, un auténtico festival. Todo empieza en nuestro sistema nervioso: el cerebro y la médula espinal, que, ante los estímulos, empiezan a mandar mensajes a diestro y siniestro a las hormonas y a distintas zonas de nuestra anatomía. Pupilas dilatadas, rubor sexual –hasta han bautizado con el nombre 'orgasm' a algún colorete superventas–, sudoración... Que empiece la fiesta. Estas son algunas de las alteraciones que experimenta nuestro organismo:
Aparato respiratorio
Cerebro
Genitales
Cuando una persona se excita sexualmente, algunos de los cambios más visibles se producen en los genitales, a donde llega un aporte extra de sangre. Se hinchan, literalmente. Tanto el pene como el clítoris. En el caso del miembro viril, éste queda en erección, los testículos y el glande aumentan de tamaño y se producen contracciones en los músculos de la zona genital y del esfínter anal para expulsar el semen (eyacular) cuando se produce el orgasmo, que dura unos segundos (es muy variable). Después de este despliegue, todo vuelve a su tamaño y el varón deberá esperar un tiempo hasta tener otro orgasmo (desde unos minutos hasta varios días, sobre todo en los hombres de cierta edad). Vamos, que no pueden encadenar un orgasmo tras otro. En la mujer, sin embargo, es diferente: el clítoris se llena de sangre, se agranda –hasta puede duplicar su tamaño– y se enrojece la zona genital, que también se humedece. En el momento del orgasmo, habitualmente por la estimulación del clítoris, que está lleno de terminaciones nerviosas, los músculos genitales y el útero experimentan contracciones rítmicas (una cada 0,8 segundos). El ano se estrecha y también las paredes de la entrada de la vagina. El útero se eleva. Cuando termina el orgasmo, segundos después, la zona sigue, por así decirlo, 'congestionada' –llena de sangre– y, si continúa la estimulación, la mujer puede experimentar otros orgasmos –como una sensación ondulante– sin hacer apenas pausa.
«La diferencia fundamental sería que el orgasmo masculino, que suele ir acompañado de la eyaculación, tiene una finalidad lúdica y reproductora, mientras que el orgasmo femenino es fundamentalmente lúdico. Y que la capacidad de 'multiorgasmia', es decir, tener varios orgasmos consecutivos en breve espacio de tiempo, suele ser más propio de alguna mujer que del hombre», resume Santiago Frago, quien advierte que las comparativas sobre la duración e intensidad de orgasmos masculinos y femeninos «no han arrojado datos concluyentes».
Una bomba de hormonas y 'química'
«Los profesionales de la sexología reivindicamos un placer más allá del orgasmo, porque el orgasmo no es sinónimo de satisfacción sexual. Placer y orgasmo tampoco son sinónimos: el placer habla de recorridos amplios y el orgasmo de momentos; el placer sería una buena película y el orgasmo una escena muy interesante de la misma», subraya el sexólogo Santiago Frago, quien, no obstante, indica que una buena salud sexual y tener orgasmos conlleva beneficios hormonales y hasta en la sangre.
1. Aumenta la secreción de oxitocina y de DHEA (hormonas que mejoran la actividad cardiaca y una adecuada oxigenación).
2.⦁Durante el orgasmo disminuyen las plaquetas y el aumento de endorfinas relaja las paredes arteriales.
3.⦁Aumenta la producción de anticuerpos, hematíes, leucocitos y los valores de la inmunoglobulina A. Es un «antihistamínico natural».
4. Tras un orgasmo se liberan oxitocina y endorfinas, opiáceos naturales; todo ello favorece la relajación general, es sedante y regula el sueño.
5. En las mujeres,⦁la liberación hormonal disminuye la patología obstétrica, previene la endometriosis, regula el ciclo menstrual y facilita la fertilidad.
6. La depresión se asocia a valores bajos de serotonina y dopamina, sustancias que mejoran la comunicación entre las neuronas y relacionadas con el buen humor. La DHEA y la oxitocina calman la ansiedad, aplacan los temores y ejercen una acción antidepresiva.
Solange Vázquez - EL CORREO

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