¿Por qué pierden la capacidad de concentración?
La falta de comunicación en la cama se
debe al estereotipo social de que la mujer es un ser dedicado a dar placer al
hombre.
¿En qué piensan las mujeres durante el
sexo? En ocasiones es complicado entender si realmente están disfrutando, si
ese orgasmo era o no fingido o si definitivamente sus mentes están divagando en
otros quehaceres. ¿Por qué no suelen decir sus apetencias en la cama, que
quieren sacar juguetes, qué postura les gusta o incluso que quieren acabar de
una vez porque están agotadas? El psicólogo y sexólogo Raúl Padilla explica que
“esta falta de comunicación se debe al estereotipo social de que la mujer es un
ser dedicado a dar placer al hombre”. Y ellas quedan en un segundo plano. “Lo
queramos o no”, continua el experto en sexología, “la sociedad sigue colocando
a la mujer en un punto pasivo en el que si expresa su sexualidad abiertamente
puede ser considerada como promiscua, como una ramera, vaya”. De ahí que muchas
eviten por todos los medios que puedan considerarlas fáciles, demasiado
sexuales o muy explícitas. Por eso se callan. Entonces, ¿en qué piensan ellas
cuando están manteniendo relaciones sexuales? Lane Moore recoge en Cosmopolitan
algunos de los pensamientos más comunes que tienen las mujeres en la cama
cuando van a tener un orgasmo o saben perfectamente que, en esa ocasión, va a
ser que no.
1.1"'¿No hay manera de
que este chico se agote?” Mientras los hombres pueden alcanzar el orgasmo en
cinco minutos, las mujeres tardan un promedio de veinte minutos. Por suerte,
existen posturas que ayudan a que ellos puedan retrasar el orgasmo para que
ambas partes alcancen el clímax. Sin embargo, la resistencia en la cama está
sobrevalorada. Esto no quiere decir que exista un tiempo concreto que deba
durar el sexo, pero igual que un coito de tres minutos puede dejar la sensación
de “para esto ni me quito la ropa”, en ocasiones para ellas puede llegar a
hacerse eterno. Incluso muchas ocasiones las mujeres, como comenta Moore,
llegan a pensar para sí mismas en cómo podrían dar carpetazo rápidamente
masturbándose con frases como “la masturbación sería una misericordia” o “yo
podría llegar en menos de un minuto”. Esto se debe a que la lubricación de
vagina no es ilimitada, y retrasar mucho el acto –sin acompañarlo de
lubricantes o excitantes cambios de postura– puede llegar a ser molesto e
incluso doloroso.
2. “Mi ex era muy
bueno en la cama” Determinadas posturas, caricias e incluso comentarios pueden
conducir a una reminiscencia de relaciones sexuales anteriores. Un acto
inconsciente que hace que las mujeres se sientan mal por recordar de pronto a
sus ex mientras practican sexo con otra persona. Como se suele decir, las
comparaciones nunca son buenas. Pensamientos como “Dios, tuvimos sexo realmente
impresionante” sólo conducen a valoraciones inapropiadas y a descentrarte de
ese momento íntimo. Cuidado con el gran error: contárselo luego.
3. “Que no se me
olvide que mañana tengo que hacer…” La falta de concentración es bastante común
entre las mujeres y deriva en que sus mentes terminen por pensar en cualquier
otra cosa mientras practican sexo. Puede surgir como consecuencia de que quizás
ella ya haya llegado al orgasmo, que tenga claro que no va a alcanzarlo y se dé
por perdida, o el estrés por los quehaceres de la vida cotidiana. Cuando se dan
cuenta de que se les ha ido la cabeza a otros menesteres, como comenta Moore,
se dicen a sí mismas que qué hacen pensando en el trabajo “¡si está teniendo
sexo ahora mismo!”. Tratar de volver a meterse en situación no es siempre tarea
fácil y se convierte en un reto: “tal vez sólo tenga que dejar de centrarme y
despejar mi cabeza”. Si piensas en blanco, estás pensado en algo: blanco. Una
de las principales dificultades para alcanzar el clímax es precisamente tener
que pensarlo: “Al orgasmo se llega anulando el resto de funciones cognitivas.
Cuando una se deja fluir, deja de pensar y de repente siente”, explica Padilla.
4. “Podríamos acabar
y me voy a ver una serie” Similar al primer pensamiento planteado, en algunas
ocasiones las mujeres aprovechan el mínimo descuido de ellos para terminar con
la situación e irse al sofá a ver la tele: “Creo que los nuevos episodios
comenzaron esta semana. Ah, y también hay pastel. Podría comer pastel”,
ejemplifica con sarcasmo Moore. Que él se levante para ir al baño o un cambio
de postura en el que se ven liberadas, lleva a sus mentes a pensar lo estupendo
que sería que terminasen de practicar sexo en ese mismo momento y ponerse a
hacer otras cosas. El orgasmo está, como la resistencia, sobrevalorado. El sexo
no es sólo alcanzar el clímax, y si de camino a éste te estás aburriendo no
tiene demasiado sentido seguir. Sin embargo, muchas mujeres sienten la
necesidad de satisfacer a la otra parte y terminan por fingirlos. Aunque tus
interpretaciones ya sean prácticamente de Oscar, la solución está en la
comunicación.
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5. “Quiero tener un
orgasmo pero no quiero que esto se acabe” Del otro lado, están esas situaciones
en las que las mujeres se lo están pasando tan bien que, aunque puedan alcanzar
el orgasmo en ese mismo momento, retrasan el clímax para seguir disfrutando del
placer. Como decimos, el orgasmo no lo es todo, pero a veces ellas lo retrasan
para que el acto no acabe. Claro que no tiene por qué acabar y, con suerte y
práctica, incluso podrían tener más de un orgasmo. “¿Puedes seguir haciendo lo
que estás haciendo durante las próximas ocho horas?”, pensamiento más que
positivo que destaca Moore y que podría agradar si se comparte en alto, o
generar el peor de los estreses.
3. 6. “Esto es mucho mejor que cuando me masturbo” Las mujeres que se masturban conocen su cuerpo mejor y saben dónde tocar, qué ritmo llevar y cómo moverse para alcanzar el orgasmo. Por eso cuando practicando sexo se encuentran con situaciones mucho más placenteras incluso pueden llegar a sorprenderse: “¡Esto es realmente mejor que cuando me masturbo! ¿Cómo es eso posible? Estoy muy contenta con haber tenido relaciones sexuales con esta persona”. Lo que está claro es que pensar en el yo, mi, me, conmigo como ideal sexual, dice bastante de las expectativas que tienen respecto a los encuentros sexuales… La realidad es que las técnicas que aprenden jugando consigo mismas pueden ser mucho más útiles en la cama de lo que piensan.
7. 7. Pensar en otra persona… En ocasiones, las mujeres imaginan que están en la cama con una persona diferente. Alguien del trabajo, un hombre que haya llamado su atención a lo largo de su vida o incluso un personaje inventado. Fantasías e imaginaciones que reproducen en sus mentes para concentrarse y evitar pensar en otras cosas –cosas, que no personas–. Aunque son conscientes de que pensar en otro hombre no es lo más romántico ni respetuoso del mundo, lo hacen porque saben que así alcanzarán el orgasmo más rápido.
8. “¿Cómo puedo hacer
para sacar mi vibrador?” Muchas mujeres tienen juguetes sexuales y les
encantaría disponer de ellos en la cama para hacer uso de ellos en compañía de
otra persona, pero no suelen sacarlos por miedo a que los hombres puedan
sentirse insultados o humillados. Él no va a conseguir que ella llegue al orgasmo
y tal vez sacando un vibrador se lo pueda tomar a mal. “Tal vez yo podría
empezar dejándolo debajo de la almohada y hacerme la sorprendida de que está
ahí, quizás sería menos raro que traerlo”, estrategias que ellas piensan para
poder jugar en condiciones.
9. “Sigue haciendo
eso, sigue haciendo eso… No, ¿por qué paras?” “Oh, vamos, claramente estaba
disfrutando y ya hice todo lo que podía para indicártelo”, comenta Moore. Pero
quizás no siempre se muestra correctamente que no debe cambiarse de postura. Una
vez se encuentra el movimiento adecuado, romper con el ritmo puede hacer que
ella no alcance el orgasmo. No lo hagas. Si te dice que sigas así hazlo. Y si
no te lo dice, que también puede pasar, trata de interpretar sus gemidos y
agarrones para que no dejes de hacerlo.
10. “Sería increíble
cambiar de postura ahora mismo” Ni a todas ni a todos les gustan las mismas
posturas. Algunas son especialmente incómodas para las mujeres y ellas pueden
estar deseando parar y cambiar de posición. Si no lo dice y –ni opta por no
resignarse– sus movimientos pueden ayudar a entender que quiere moverse hacia
uno u otro lado. El problema de visualizar e imaginar lo estupendo que sería
cambiar de postura durante el acto, es que, en ocasiones, se centran tanto en
pensar cómo podrían disfrutar más que terminan por desconcentrarse y no
alcanzar el orgasmo. La clave está en decir esta boca es mía, pedir y sugerir,
para que ambas partes disfruten de las relaciones.









