11/01/2025

10 cosas en las que piensan las mujeres cuando mantienen relaciones sexuales

 ¿Por qué pierden la capacidad de concentración?



La falta de comunicación en la cama se debe al estereotipo social de que la mujer es un ser dedicado a dar placer al hombre.

¿En qué piensan las mujeres durante el sexo? En ocasiones es complicado entender si realmente están disfrutando, si ese orgasmo era o no fingido o si definitivamente sus mentes están divagando en otros quehaceres. ¿Por qué no suelen decir sus apetencias en la cama, que quieren sacar juguetes, qué postura les gusta o incluso que quieren acabar de una vez porque están agotadas? El psicólogo y sexólogo Raúl Padilla explica que “esta falta de comunicación se debe al estereotipo social de que la mujer es un ser dedicado a dar placer al hombre”. Y ellas quedan en un segundo plano. “Lo queramos o no”, continua el experto en sexología, “la sociedad sigue colocando a la mujer en un punto pasivo en el que si expresa su sexualidad abiertamente puede ser considerada como promiscua, como una ramera, vaya”. De ahí que muchas eviten por todos los medios que puedan considerarlas fáciles, demasiado sexuales o muy explícitas. Por eso se callan. Entonces, ¿en qué piensan ellas cuando están manteniendo relaciones sexuales? Lane Moore recoge en Cosmopolitan algunos de los pensamientos más comunes que tienen las mujeres en la cama cuando van a tener un orgasmo o saben perfectamente que, en esa ocasión, va a ser que no.

1.1"'¿No hay manera de que este chico se agote?” Mientras los hombres pueden alcanzar el orgasmo en cinco minutos, las mujeres tardan un promedio de veinte minutos. Por suerte, existen posturas que ayudan a que ellos puedan retrasar el orgasmo para que ambas partes alcancen el clímax. Sin embargo, la resistencia en la cama está sobrevalorada. Esto no quiere decir que exista un tiempo concreto que deba durar el sexo, pero igual que un coito de tres minutos puede dejar la sensación de “para esto ni me quito la ropa”, en ocasiones para ellas puede llegar a hacerse eterno. Incluso muchas ocasiones las mujeres, como comenta Moore, llegan a pensar para sí mismas en cómo podrían dar carpetazo rápidamente masturbándose con frases como “la masturbación sería una misericordia” o “yo podría llegar en menos de un minuto”. Esto se debe a que la lubricación de vagina no es ilimitada, y retrasar mucho el acto –sin acompañarlo de lubricantes o excitantes cambios de postura– puede llegar a ser molesto e incluso doloroso.

2. “Mi ex era muy bueno en la cama” Determinadas posturas, caricias e incluso comentarios pueden conducir a una reminiscencia de relaciones sexuales anteriores. Un acto inconsciente que hace que las mujeres se sientan mal por recordar de pronto a sus ex mientras practican sexo con otra persona. Como se suele decir, las comparaciones nunca son buenas. Pensamientos como “Dios, tuvimos sexo realmente impresionante” sólo conducen a valoraciones inapropiadas y a descentrarte de ese momento íntimo. Cuidado con el gran error: contárselo luego.

3. “Que no se me olvide que mañana tengo que hacer…” La falta de concentración es bastante común entre las mujeres y deriva en que sus mentes terminen por pensar en cualquier otra cosa mientras practican sexo. Puede surgir como consecuencia de que quizás ella ya haya llegado al orgasmo, que tenga claro que no va a alcanzarlo y se dé por perdida, o el estrés por los quehaceres de la vida cotidiana. Cuando se dan cuenta de que se les ha ido la cabeza a otros menesteres, como comenta Moore, se dicen a sí mismas que qué hacen pensando en el trabajo “¡si está teniendo sexo ahora mismo!”. Tratar de volver a meterse en situación no es siempre tarea fácil y se convierte en un reto: “tal vez sólo tenga que dejar de centrarme y despejar mi cabeza”. Si piensas en blanco, estás pensado en algo: blanco. Una de las principales dificultades para alcanzar el clímax es precisamente tener que pensarlo: “Al orgasmo se llega anulando el resto de funciones cognitivas. Cuando una se deja fluir, deja de pensar y de repente siente”, explica Padilla.

4. “Podríamos acabar y me voy a ver una serie” Similar al primer pensamiento planteado, en algunas ocasiones las mujeres aprovechan el mínimo descuido de ellos para terminar con la situación e irse al sofá a ver la tele: “Creo que los nuevos episodios comenzaron esta semana. Ah, y también hay pastel. Podría comer pastel”, ejemplifica con sarcasmo Moore. Que él se levante para ir al baño o un cambio de postura en el que se ven liberadas, lleva a sus mentes a pensar lo estupendo que sería que terminasen de practicar sexo en ese mismo momento y ponerse a hacer otras cosas. El orgasmo está, como la resistencia, sobrevalorado. El sexo no es sólo alcanzar el clímax, y si de camino a éste te estás aburriendo no tiene demasiado sentido seguir. Sin embargo, muchas mujeres sienten la necesidad de satisfacer a la otra parte y terminan por fingirlos. Aunque tus interpretaciones ya sean prácticamente de Oscar, la solución está en la comunicación.

2.    5. “Quiero tener un orgasmo pero no quiero que esto se acabe” Del otro lado, están esas situaciones en las que las mujeres se lo están pasando tan bien que, aunque puedan alcanzar el orgasmo en ese mismo momento, retrasan el clímax para seguir disfrutando del placer. Como decimos, el orgasmo no lo es todo, pero a veces ellas lo retrasan para que el acto no acabe. Claro que no tiene por qué acabar y, con suerte y práctica, incluso podrían tener más de un orgasmo. “¿Puedes seguir haciendo lo que estás haciendo durante las próximas ocho horas?”, pensamiento más que positivo que destaca Moore y que podría agradar si se comparte en alto, o generar el peor de los estreses.

3.    6. “Esto es mucho mejor que cuando me masturbo” Las mujeres que se masturban conocen su cuerpo mejor y saben dónde tocar, qué ritmo llevar y cómo moverse para alcanzar el orgasmo. Por eso cuando practicando sexo se encuentran con situaciones mucho más placenteras incluso pueden llegar a sorprenderse: “¡Esto es realmente mejor que cuando me masturbo! ¿Cómo es eso posible? Estoy muy contenta con haber tenido relaciones sexuales con esta persona”. Lo que está claro es que pensar en el yo, mi, me, conmigo como ideal sexual, dice bastante de las expectativas que tienen respecto a los encuentros sexuales… La realidad es que las técnicas que aprenden jugando consigo mismas pueden ser mucho más útiles en la cama de lo que piensan. 

7. 7. Pensar en otra persona… En ocasiones, las mujeres imaginan que están en la cama con una persona diferente. Alguien del trabajo, un hombre que haya llamado su atención a lo largo de su vida o incluso un personaje inventado. Fantasías e imaginaciones que reproducen en sus mentes para concentrarse y evitar pensar en otras cosas –cosas, que no personas–. Aunque son conscientes de que pensar en otro hombre no es lo más romántico ni respetuoso del mundo, lo hacen porque saben que así alcanzarán el orgasmo más rápido.

8. “¿Cómo puedo hacer para sacar mi vibrador?” Muchas mujeres tienen juguetes sexuales y les encantaría disponer de ellos en la cama para hacer uso de ellos en compañía de otra persona, pero no suelen sacarlos por miedo a que los hombres puedan sentirse insultados o humillados. Él no va a conseguir que ella llegue al orgasmo y tal vez sacando un vibrador se lo pueda tomar a mal. “Tal vez yo podría empezar dejándolo debajo de la almohada y hacerme la sorprendida de que está ahí, quizás sería menos raro que traerlo”, estrategias que ellas piensan para poder jugar en condiciones.

9. “Sigue haciendo eso, sigue haciendo eso… No, ¿por qué paras?” “Oh, vamos, claramente estaba disfrutando y ya hice todo lo que podía para indicártelo”, comenta Moore. Pero quizás no siempre se muestra correctamente que no debe cambiarse de postura. Una vez se encuentra el movimiento adecuado, romper con el ritmo puede hacer que ella no alcance el orgasmo. No lo hagas. Si te dice que sigas así hazlo. Y si no te lo dice, que también puede pasar, trata de interpretar sus gemidos y agarrones para que no dejes de hacerlo.

10. “Sería increíble cambiar de postura ahora mismo” Ni a todas ni a todos les gustan las mismas posturas. Algunas son especialmente incómodas para las mujeres y ellas pueden estar deseando parar y cambiar de posición. Si no lo dice y –ni opta por no resignarse– sus movimientos pueden ayudar a entender que quiere moverse hacia uno u otro lado. El problema de visualizar e imaginar lo estupendo que sería cambiar de postura durante el acto, es que, en ocasiones, se centran tanto en pensar cómo podrían disfrutar más que terminan por desconcentrarse y no alcanzar el orgasmo. La clave está en decir esta boca es mía, pedir y sugerir, para que ambas partes disfruten de las relaciones.

 

El error que destruye las relaciones de pareja (y que todos cometemos)

 Las prisas nunca son buenas consejeras y pueden ser la causa de una ruptura dolorosa. Cuidado porque cuando las cosas van de 0 a 100 rápidamente, pasan de 100 a 0 a la misma velocidad.



Te enamoras y llegan las famosas mariposas al estómago, los nervios por encontrarte con la otra persona, las risitas sin sentido y demás menesteres que te mantienen desbordado de sentimientos durante todo el día. De pronto eres capaz de pasar de la alegría más absoluta a una tristeza infinita en raudos segundos. ¿Y todo por amor? No, más bien porque tu cerebro está drogado: a tope de hormonas. Sin embargo, este estado de éxtasis inicial cuando empiezas una relación puede derivar en dos situaciones: 

1) Has encontrado al amor de tu vida y viviréis felices –comáis o no perdices.

2) Alárgala cuanto puedas/quieras, tu relación de pareja está abocada al fracaso.

 Cuando se da la segunda opción uno no deja de hacerse la eterna pregunta: si todo parecía de cuento de hadas, ¿qué es lo que ha pasado para que la cosa no funcione? ¿Cuándo se nos acabó el amor? ¿Fue de tanto usarlo o más bien de lo contrario? Este vídeo explica el error más común que (casi) todos cometemos alguna vez en la vida y que, señoras y señores, es el responsable de que las relaciones se destruyan.

¿Objetivos comunes o adquiridos?

Todo comienza en la etapa que en el vídeo denominan como druged state derivada del popurrí de hormonas que campan a sus anchas por nuestro cuerpo y nos hacen sentir, como comúnmente se conoce, embriagados o locos de amor. Apenas atiendes a razones y te autoconvences de que esa persona es la definitiva, ¡si es que lo tienes más claro que nunca!ando las cosas van de 0 a 100 rápidamente, pasan de 100 a 0 a la misma velocidad

Pero cuando nos lanzamos a la piscina prometiendo y prometiéndonos cosas de las que tan solo estamos seguros circunstancialmente, la cosa puede acabar –y espérate a ver cuando eres capaz de abortar plan– como el rosario de la aurora. Las prisas no son buenas consejeras y tomar decisiones precipitadas acabará en desastre cuando te quieras dar cuenta de que, en realidad, esto no es lo que querías y ni siquiera eres como la otra persona cree. Genial si tenéis cosas en común desde el primer momento. Pero cuidado, que la otra persona también tenga pensado tener hijos no quiere decir que tengáis que pensar los nombres que tendrán vuestros futuros primogénitos cuando os conocéis desde hace un mes –si llega–. Ten en cuenta que amoldarse a los gustos de alguien a quien amas está bien, pero con cautela y sin dejar de respetar tus propios intereses y objetivos vitales. De hecho, es bastante común terminar por confundir qué es lo que te gusta hacer a ti y cuáles son las aficiones adquiridas por querer compartir cosas con tu pareja. Si no, párate a pensar: ¿qué haces celebrando a gritos un gol de Cristiano Ronaldo si, a día de hoy, sigues sin tener ni puñetera idea de cuándo ni cómo tiene lugar un fuera de juego?

 'Los jóvenes que se precipitan a compartir casa, a menudo no son capaces de manejar la responsabilidad de vivir juntos y ser totalmente independientes'

“Si nos dejamos llevar en una relación con alguien que no tiene los mismos valores que nosotros puede haber problemas”, comenta en Deseret News el profesor de la Universidad de Virginia Bradford Wilcox, quien opina que “la gente debe ir poco a poco en una relación y meditar sobre ellos mismos y las decisiones que toman”.

Una dulce condena

Una cosas son las ataduras sentimentales y otra las materiales, que pueden hacerte alargar una relación que no funciona durante años por el simple pánico a enfrentarte al reparto de bienes compartidos. “Ya se trate de una mascota, un sofá o un coche en común, tener responsabilidades compartidas debilita al máximo tu capacidad de estar sobrio y ser capaz de tomar la decisión de acabar con una relación que sabes que no es la adecuada para ti y tu pareja en ese momento”, comenta Wilcox. Según el profesor “las parejas deben esperar hasta después del matrimonio para tener este tipo de compromisos a largo plazo con la otra persona”. Pero no se trata de casarse o vivir arrejuntados, lo importante es ser capaz de esperar a tener las cosas claras antes de meternos en camisas de once varas (que terminas pagando a plazos con cuotas de pago que superan los 18 meses, estás perdido). No hay un tiempo exacto que mida cuando uno debe tener o no claro si quiere hacer proyectos a largo plazo o adquirir compromisos compartidos con su pareja, pero precipitarse y jugársela, cuando hablamos de sentimientos, no es una buena idea. Todo lo que sube baja, y las relaciones que pasan de rápidamente de 0 a 100, por regla general, pasan de 100 a 0 a la misma velocidad.

Jugando a las casitas: momento convivencia

Por ahorrar dinero en dos alquileres cuando os veis todos los días, porque la otra persona tiene un piso en propiedad y te invita a compartirlo pagando ‘solo los gastos’ o porque –de estas también hay– tu pareja se va a vivir a Iowa y como tú tampoco tienes el trabajo de tu vida decidís iros juntos al culo del mundo. Hay mil excusas, pero lo cierto es que en la convivencia se demuestra mucho y es cuando puedes darte especial cuenta de que la relación no va a funcionar, por mucho que te hayas convencido. Según una investigación realizada por el Council on Contemporary Families las parejas jóvenes que cohabitan son especialmente vulnerables a separarse. Como explica Herb Scribner “los jóvenes de menos de 23 años, que a veces se precipitan a compartir casa, a menudo no son capaces de manejar la responsabilidad de vivir juntos y ser totalmente independientes”. Apenas atiendes a razones y te autoconvences de que esa persona es la definitiva, ¡si es que lo tienes más claro que nunca! Gran parte de la culpa la tiene la inmadurez de uno de los dos miembros de la pareja. Según Arielle Kuperburg, profesor de la Universidad de Carolina del Norte, “los jóvenes no escogen a la persona adecuada porque ni ellos mismos están realmente configurados como individuos”. No tanto la edad real como la mental, el problema de jugar a las casitas porque estamos encoñados cuando no somos personas lo suficientemente adultas, deriva, cuando menos, en alguna que otra trifulca hogareña que te podrías haber ahorrado si te lo hubieses tomado con calma.

Prevenir el desastre

Como se suele decir, el ser humano tropieza dos veces –cuando no en la misma piedra. Por lo que es bastante probable que si ya te has llevado un chasco en una relación que parecía idílica, al menos te toque otro más. Pero quizás tengas en cuenta el consejo de los expertos de PREmedia y no tomes una DUI (siglas de Decision Under Influence o lo que viene siendo una decisión precipitada) y optes por disfrutar el uno del otro sin adquirir compromisos a largo plazo que lo único que hacen es meter presión a ambas partes que se convencen de que ahora ya no se pueden separar. El vídeo, que se está utilizando en conferencias en colegios, institutos y universidades, trata de enseñar a los jóvenes las consecuencias que pueden tener en la vida real la toma de decisiones a largo plazo, como cohabitar, con una pareja a la que apenas conocemos. Pero ojo, que no siempre tiene que salir mal. De un flechazo, meditado y disfrutado, surgen también las más bonitas historias de amor que, además, funcionan.

Por Alba Ramos Sanz


7/02/2025

Anatomía erógena de los genitales femeninos





Los genitales femeninos son un gran desconocido desde el punto de vista erógeno (que no reproductivo). Se podría argumentar que este desconocimiento mayor de los genitales femeninos (o sus zonas más erógenas) se debe en parte a la ubicación de los mismos (más ocultos que los masculinos), pero lo cierto es que se debe principalmente a factores educativos. Cuando se habla de “anatomía sexual” se suele hacerse referencia a la anatomía genital, sobre todo a la anatomía genital reproductiva (órganos internos). Pero insistiremos en la idea de que todo el cuerpo es erógeno, no sólo los genitales. Todo el cuerpo tiene que ver con la sexualidad, y es fuente potencial de placer.

 


Es importante que cada mujer conozca su propia geografía sensual, reconozca todas y cada una de sus partes. Debido a la educación recibida a nivel erótico y también a nivel genital, muchas mujeres desconocen su propia anatomía erógena. A las mujeres se les enseña a comportarse como “bellas durmientes” a nivel erótico (y, por cierto, también a otros niveles). Se presiona y se educa a la mujer, de forma más o menos directa, para que asuma que su erótica no existe (o no tiene sentido) si no es en función de una pareja. Por ejemplo, se le enseña que no debe mirarse los genitales, ni tocarlos, ni explorarlos de ninguna manera, ya que cuando llegue el hombre adecuado y el momento adecuado, ya se encargará él de hacerlo.

 Muchas veces el silencio y la ignorancia que existen alrededor de los genitales femeninos, en los hombres y también en las mujeres, es realmente sorprendente. Mujeres con varios hijos ignoran por dónde orinan, o piensan que orinan por la vagina. Mujeres que llevan años manteniendo relaciones coitales con su pareja, ignoran dónde está su clítoris. Muchas mujeres afirman que sus genitales son feos, a pesar de que NUNCA los han observado en un espejo. Otras piensan que sus labios menores son deformes, porque jamás han visto otros o los han mirado con detenimiento. Estos casos son frecuentes en mujeres adultas y también en jóvenes.

 Un punto a tener en cuenta por las mujeres en el caso de las parejas heterosexuales es que la mujer no puede esperar que el hombre sepa o aprenda a estimularla y acariciarla correctamente, cuando ella misma ignora cómo hacerlo. Es responsabilidad de la mujer explorar y descubrir su propio cuerpo, aprender a acariciarlo, y comprender su funcionamiento (zonas sensibles, formas de alcanzar el orgasmo, ritmos biológicos, regla, etcétera). Al igual que es responsabilidad del hombre conocer el suyo propio.

 Esto hará posible que disfrute su erótica por sí misma o sí mismo, y también en compañía. Por ello, vamos a dedicar unas líneas a hablar de la anatomía erógena genital en la mujer.

 Aquí podemos observar una ilustración de los genitales externos femeninos, el conjunto de los cuales se denomina “Vulva”. En la vulva apreciamos distintas partes:

 Pubis o monte de Venus: El pubis es la parte inferior del vientre, que forma un triángulo entre las piernas. En los adultos y adultas, el pubis está cubierto de vello. Es una zona carnosa y blanda, debido a la abundancia de tejido adiposo.

 Labios mayores: Con las piernas abiertas, la mujer puede advertir entre ellas un área cubierta de vello y ligeramente adiposa (como el pubis). Estos son los labios mayores. En la mayoría de las mujeres son de un color ligeramente más oscuro que el resto de la piel, como el escroto de los hombres.

 Si se colocan los dedos encima de los labios mayores, rodeando el introito vaginal por ambos lados, y se ejerce una suave presión el efecto puede ser muy excitante para muchas mujeres. Esto se debe a que bajo los labios mayores se encuentran los bulbos vestibulares, dos bultos de tejido eréctil que representan un papel muy importante en la estimulación erótica, en la excitación y el orgasmo.

 Labios menores o ninfas: son unos pliegues muy suaves desprovistos de vello que se encuentran rodeados por los labios mayores, y que se tornan más oscuros y se hinchan durante los periodos de excitación erótica. Al contrario que ocurre con los labios mayores, las ninfas carecen de grasa y de vello. Los labios menores son el equivalente (desde el punto de vista del desarrollo embrionario) a la piel del pene masculino. Al igual que los labios mayores, los labios menores son muy sensibles a las caricias.

 Perineo o periné: entre el ano y la parte inferior de los labios menores hay un área muy pequeña y extremadamente sensible: es el perineo. En esta zona las caricias con algo de presión suelen ser muy estimulantes para muchas mujeres.

 Ano y zona circundante: la hendidura que encontramos entre las nalgas es enormemente sensible. Así mismo, el área que rodea el ano es muy receptiva y su caricia produce sensaciones que algunas mujeres encuentran muy placenteras.

 El canal anal es una zona erógena por excelencia tanto en hombres como en mujeres, no obstante su estimulación requiere lubricación y una lenta preparación (y por supuesto, para ser disfrutadas estas caricias deben ser deseadas)

 Clítoris: el clítoris es sin duda el punto más excitante, el más exquisito, el de mayor potencial para el placer de la anatomía femenina. La única función del clítoris es proporcionar placer a su dueña, y no hay otra parte del cuerpo, ni en el hombre, ni en la mujer, que tenga únicamente este cometido. Sólo el clítoris.

 En la ilustración podemos ver su localización, en el lugar en que se unen los labios menores. Sin embargo, esto que es perceptible a la vista, y que se suele denominar “clítoris”, es sólo la punta de un complejo sistema mucho más amplio, y parte del cual no está a la vista. Este conjunto de estructuras, que se denominan 'complejo clitoral', constituyen un conjunto funcional del que hablaremos detenidamente en el próximo artículo.

 


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María Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga.

Por: María Victoria Ramírez


El desconocido y necesario mundo de los productos de higiene íntima


La mayoría de mujeres somos unas grandes desconocedoras de nuestra anatomía. Por dejadez, o porque en esta nuestra sociedad no nos han educado ni formado en el desconocido mundo de nuestra zona más íntima y personal.

 Nuestra vagina y nuestra vulva no han recibido, ni siquiera, sus 15 minutos de fama. Esta sociedad en la que vivimos no nos informó en la mayoría de casos de que una barra de jabón contiene un pH dañino para nuestras zonas íntimas o que una braguita de lycra o un tanga de encaje sofocan nuestra vulva.

 Hoy en día, muchas mujeres saben cómo contornear sus rostros como una Kardashian, pero tienen poco o ningún conocimiento sobre su propia anatomía femenina. Es hora de romper tabúes, despejar la confusión y disipar los mitos sobre la higiene femenina y los productos para el cuidado íntimo de la piel. Ya es hora de que todas las mujeres nos convirtamos en profesionales de nuestras zonas íntimas.



“A pesar de la creencia popular, toda la anatomía femenina no es la vagina. Hemos trabajado en la atención médica de la mujer durante años y vemos los conceptos erróneos que muchas mujeres tienen sobre su anatomía femenina. La vulva, los labios internos y externos deben lavarse. El principal motivo de lavado es que las mismas glándulas sudoríparas que existen en nuestras axilas también existen en estas tres zonas. Se llaman glándulas sudoríparas apocrinas y se vacían en los folículos pilosos. Entonces, donde quiera que haya cabello, debe y puede lavarse con un lavado íntimo suave y con pH equilibrado. Dentro de la vagina hay un pH de 3,5, que es muy ácido. Al igual que la vulva, la vagina también tiene un ecosistema muy delicado. No se deben usar jabones, enjuagues corporales o duchas vaginales dentro de la vagina (o canal vaginal) ya que la vagina se limpia automáticamente. Las vaginas producen naturalmente secreción como una función de limpieza completamente normal. Cuando usas un limpiador apropiado en tu vulva, el exceso de secreción se enjuaga para que nunca interrumpa el pH interno natural ni elimine las bacterias buenas”, nos cuenta la ginecóloga y fundadora de la firma Deo Doc, la Dra. 
Hedied Asadi.

De hecho, los síntomas vaginales son menos ‘conocidos’ y probablemente los menos hablados y que más ‘miedo’ generan. “En un estudio que se publicó en el 2017 sobre mujeres menopáusicas españolas se determinó que el síntoma más frecuente que presentaban las mujeres era la sequedad vaginal (81%), seguido del dolor en las relaciones sexuales (80%), que provocaban disfunción sexual (75%)”, nos dicen desde Isdin.

 Las axilas no son las únicas partes del cuerpo que sudan, también lo hace la vulva (donde hay pelo, hay sudor). Nuestras zonas íntimas están formadas por uno de los ecosistemas más delicados del cuerpo; por eso necesita sus propios productos.